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MITOLOGÍA DE CÓMO VULCANO SE NEGÓ A VIVIR EN EL OLIMPO

    Erase una vez, la diosa romana Juno (Hera en griego), tuvo un hijo al que puso de nombre Vulcano (los griegos le llamaron Hefesto), y este niño sufrió malos tratos por parte de sus padres desde que nació, como causa de la evidente fealdad de Vulcano. Juno, hubiera deseado mejor que su hijo hubiera heredado la belleza de la madre y la fuerza de su padre Júpiter.
 

    Los niños, en el Olimpo no los traía la cigüeña, las cigüeñas tan alto no llegan, a esas alturas el que mandaba y ordenaba era el rey de los dioses, Júpiter (Zeus en Grecia). Y a Júpiter se le ocurrió una de sus travesuras, y le llevó a la nueva madre un niño hecho polvo, un bulto sospechoso arrugado como una pasa.
 

    - Júpiter: ¡Hola preciosa!, aquí te traigo un regalito!
    - Juno: ¿Pero qué dices Júpiter?, ¡esto te lo comes tú!
    - Júpiter: ¡seguro que si!, ¡aquí te lo dejo, me piro vampiro!

    Y la nueva madre se tuvo que quedar con su Vulcanito porque Júpiter así lo había ordenado. Que sepa el lector que todos los hijos que nacían en el Olimpo eran engendrados por Júpiter, que era un bala perdida de la ostia!.

    Los padres de la criatura no paraban de discutir todos los días por culpa del crío y cada día que pasaba le trataban peor.

    - Juno: ¡Júpiter!, ¡eres un mierda!, ¡te vas tirando a todo el pueblo y no sabes hacer un hijo bien hecho para tu casa!, ¡no vales pa tomar por culo!
    - Júpiter: ¡que te den!, mira para lo que valgo!.

    Y Júpiter le pegó una patada a su hijo Vulcano con tanta fuerza, que lo envió fuera del Olimpo. Dicen que fue un patadón 100 veces más fuerte que los que pega Roberto Carlos cuando lanza los penaltis. Dicen que el niño tardo 12 horas en caer al cielo desde los cielos, hasta que cayó en la isla de Lemmos. Si ya de por sí Vulcano era feo, a raíz del impacto contra el suelo, el niño sufrió deformidades toda su vida.

    Y estando paseando por el campo las dos ninfas Eurínome y Tetis, cuando se encontraron tirado en mitad del campo a un niño chico llorando amargamente.

    - Eurínome : ¡Mira Tetis!, un niño llorando!
    - Tetis: ¡Pobrecillo!, está sangrando por el pié!, ¿Te has fijado lo feo qué es?.
    - Eurínome: Parece que está solo, ¿qué te parece si nos lo llevamos para nuestra casa y lo curamos?
    - Tetis: ¡Venga va!, ¡pilla!.

    Pues eso, las dos ninfas recogieron al niño envuelto en sus túnicas, y se lo llevaron a su cueva dentro del mar, donde le curaron. Pero desgraciadamente, desde aquel día Vulcano quedaría cojo para siempre.

    Las dos madrinas del niño se quedaron con él y le cuidaron como si fuera su hijo, porque entre otras cosas el chavalín estaba que daba pena, motivo por el cual Eurínome y Tetis se desvivieron por hacerle feliz. Nueve años estuvo Vulcano con las ninfas.

    Y como hacía falta una fragua en Lemmos, las ninfas le montaron una dentro de una cueva, donde Cedalión de Nexos le enseño el secreto de los metales. Con el tiempo Vulcano sería el mayor maestro en metales jamás conocido.

    Una vez, la diosa Juno, su madre, descubrió que Tetis llevaba una joya maravillosa y quiso saber quien había sido el orfebre de aquella hermosura. Y Tetis le dijo que lo había hecho Vulcano.

    Llegó a ser fragüero real de Júpiter, fabricando todo el armamento del ejercito del dios, desde el tridente de Neptuno, la hoz de Ceres, flechas para Artemisa y Apolo, las armas de Aquiles, las cadenas de Prometeo, el cuerpo de Pandora, el autómata de Talos, la coraza de oro de Hércules, la corona que Baco regaló a Ariadna, hasta los rayos del mismísimo Júpiter.

    Estuvo casado con Carité, Aglaye y con Afrodita, de la que estaba locamente enamorado y a la que perdonaba sus frecuentes deslices. Vulcano era un genio, capaz de moldear los metales y diseñar todo tipo de artilugios que llegaban a tener vida propia. Todos los dioses del Olimpo alucinaban con los trabajos que Vulcano fraguaba. Un día su padre Júpiter le llamó al Olimpo:

    - Júpiter: Hola hijo, te he mandado llamar, porque hora es ya de que dejes de mal vivir en esa fragua en la tierra y te vengas a vivir a casa de tus padres, aquí en el Olimpo. Vivirás como dios!.

    Vulcano miro a un lado y a otro, y sólo vio opulencia en aquel suntuoso palacio. Pero sin odio ni rencor para con sus progenitores, el herrero le contesto al dios lleno de soberbia a la vez que orgullo:
 

    - Vulcano: Padre, soy herrero, y lo único que se hacer es trabajar en mi fragua, que es lo que más me gusta. Mi única aspiración en la vida es hacer bien mi trabajo. Quiero volver con mi gente a mi curro.

    Júpiter se quedó flipado. Aquellas palabras no era habitual escucharlas entre los dioses. Vulcano era un hombre de una valía superior a la de cualquier dios.


 

     Mi reino no es de este mundo.

JESÚS DE NAZARET.


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